Dos (2) de las palabras más estigmatizadas en las organizaciones son: objetivos y estrategias. Escuchamos a presidentes, directores, gerentes y jefes pronunciarlas indistintamente en cada charla o presentación ejecutiva. El problema se agudiza cuando llega la hora de ponerlas en blanco y negro, es decir, cuando llega el momento de redactar un plan de negocio, o plan estratégico, un Business Case, un Project Charter, o cualquier documento que necesite tales conceptos. El resultado es patético y por lo general, confuso.

Aún cuando asisten cursos de formación que ayudan a una mejor redacción de objetivos, gran cantidad de profesionales siguen escribiéndolos de manera PÉSIMA, que en lugar de ayudar a aclarar la definición y justificación de un proyecto (por ejemplo), lo que logran es precisamente el efecto contrario.

Afortunadamente, la industria del Management (si es que existe), nos proporciona una excelente referencia que nos ayuda a formular mejores objetivos, que claramente nos indiquen una dirección clara y exacta del problema o proyecto en cuestión. Dicha referencia nos postula que los objetivos deben ser SMART. Si eso, objetivos inteligentes, pero a lo sajón. Con un significado que traspasa la simple palabra.

Tratando de entender el término, los objetivos SMART postulan lo siguiente:

S:            Específico o simple. Que no se mezclen peras con manzanas

M:          Medibles. Intentar en lo posible que tengan un número

A:           Alcanzable, no utópico

R:           Realista para la organización y situación en la cual lo redactamos

T:            Acotado o alcanzables en un intervalo de Tiempo.

Una técnica que solemos utilizar en ITMadrid – IT Business School es que los objetivos deben enmarcarse en algunos de los siguientes postulados:

  • Incrementar alguna medida de referencia, por ejemplo podemos desear ver un alza en los ingresos de las ventas, o el número de estudiantes matriculados en los Máster  de ITMadrid, o el nivel de agua de nuestras reservas acuíferas, o en índice de incidencias cerradas mesa tras mes, etc.
  • Disminuir alguna medida de referencia, por ejemplo, reducir los gastos de producir algo, el tiempo de desarrollo de un producto, el tiempo invertido en un proceso, los gastos del presupuesto TIC, etc.
  • Incrementar / disminuir aspectos intangibles de procesos, productos o servicios, por ejemplo la calidad, la usabilidad, la experiencia de usuario, la calidad de vida, etc.

Típica y tradicionalmente los objetivos deben “caer” en uno de esos grandes apartados. Los objetivos empresariales tratan de perseguir la productividad a toda costa, ya que es uno de los conceptos que le ayudan en su supervivencia y diaria, y lo mejor, a dibujar un camino donde se quiere llegar.

Recomendamos redactar objetivos siguiendo las pautas expuestas anteriormente. Evitando la retórica narrativa y tratando de ser lo más simple posible, ya que con ello tendremos la oportunidad de comunicarnos mejor y tener una clara visión de negocio.

Algunos objetivos que podemos tomar como ejemplo son:

  • Para departamento de venta: “mejorar los ratios de cierre de ventas del 35% al 45% en el año 20XX”.
  • Aumentar las ventas anuales en un 10% o cierre de 3 nuevas cuentas cada mes.
  • Reducir en 50% la rotación de personal en el año
  • Reducir el Backlog de incidencias en un 15% en un mes
  • Mantener a los proyectos TIC en un 10% de variación del presupuesto

Por último, os dejo un concepto de objetivo para tenerlo siempre presente a la hora que nos toque redactarlos: “Un resultado concreto que una persona u organización tiene que lograr dentro de un marco de tiempo determinado y con los recursos que tiene disponible”. www.businessdictionary.com.