Los tiempos que corren son fascinantes. Me imagino a principios del siglo pasado, la gente veía en las calles unos extraños artefactos denominados automóviles, que poco a poco sustituían a los tradicionales coches o carretas tiradas de caballos, los transeúntes se quedaban perplejos ante la evolución de lo que posteriormente conocimos con la Revolución Industrial

Ya de vuelta al presente siglo y a las realidades e innovaciones que día tras día vivimos, no es difícil descifrar que nos encontramos en plena vorágine de la Revolución Digital del mundo. En donde ante nuestros ojos vemos como cambiamos, sin inmutarnos, la manera en la cual nos comunicamos, trabajamos, nos divertimos, realizamos las compras, accedemos a nuestras finanzas, y en definitiva, de cómo aprendemos día a día en nuestras labores diarias.

Los analistas e investigadores que nos sucedan, nos estudiaran como la era de la gran transición hacia un mundo totalmente digitalizado. En donde se sentaron las bases y cimientos de los coches eléctricos y auto-conducidos, los robots se encargaron de aquellas actividades repetitivas y de gran esfuerzo físico, la inteligencia artificial conectó maquinas que podían intercambiar datos, información y tomar decisiones inteligentes sin el sesgo que introduce el componente emocional del humano, los grandes volúmenes de datos eran mostrados en aplicaciones como el Excel o similar para ayudar en la medicina y otras áreas del saber humano, y en definitiva, la Revolución Digital nos permitió dar un gran salto en el desarrollo cualitativo de la humanidad.

Ahora bien, si no queremos desfasarnos como profesionales y seguir (en la medida de lo posible) la estela de los grandes cambios e innovaciones que se nos imponen desde las grandes factorías tecnológicas, debemos optar en cambiar la estrategia de como aprendemos, y/o meramente, nos mantenemos actualizados en las tendencias que nos impactan nuestra manera de trabajar.

La época de hiperinflación informacional que vivimos nos demanda un cambio radical en la manera de estar atento a los cambios tecnológicos, sociales, culturales y de negocios. Con la proliferación de conceptos, metodologías, herramientas y técnicas es cuasi-imposible asistir a un curso de capacitación o formación cada vez que queremos actualizarnos. Para ello debemos apelar a técnicas modernas de aprendizaje como lo son los MOOCs, Webinars, portales agregadores de artículos (tipo Flipboard), y en definitiva, debemos la aprender a aprender en la era digital.

Y cómo debemos aprender en la era digital, pues bien, centrándonos en objetivos claro de aprendizaje y trazar un plan de aprendizaje en el tiempo que nos facilite adquirir conocimientos con la agilidad que demanda el negocio. Es por ello que os propongo algunas estrategias para ello:

  • “Asistir” a Webinars temáticos o generalistas en tu área de conocimiento, al menos uno al mes
  • Suscribirse a portales agregadores de contenido tipo Flipboard
  • Leer artículos de interés general y personal, los hay muchos gratis en la Web
  • Acceder a cursos online
  • Visualizar contenidos en YouTube (por ejemplo)
  • Suscribirse a portales de formación online (como Lynda.com), y
  • Asistir, a programas formativos presenciales para fortalecerlos conocimientos adquiridos.

Poco a poco, “prácticamente” todo el conocimiento existente está disponible en la Red, la estrategia consiste en crear un plan que nos permita mantener un ritmo adecuado de aprendizaje, ya que si no se hace, será prácticamente imposible seguir el ritmo de los cambios que nos impone el entorno.

Lo contrario a ello es el rezago continuo y sistemático en las nuevas formas de gestionar tu aprendizaje, sin que ello redunde en una mejora en las condiciones profesionales de los individuos.

Es por ello que te plantemos desde ahora, el aprender a aprender en un mundo digital, para que no pierdas el paso y ritmo de las innovaciones que suceden o acontecen en tu campo profesional.

El rezago profesional tiene un precio elevado en el largo plazo.

¡A qué esperas!