Inventados en la década de los años 60, el ATM (automated teller machine) como es conocido en el mundo anglosajón ha sido parte importante de nuestra cotidianidad y del landscape citadino del mundo. Es un obligado “jarrón de decoración” de muchos calles y centros comerciales de la era moderna. Al igual que la WIFI hoy día, todo el mundo lo intenta ubicar, una vez llegado a un nuevo lugar. Son cuasi-imprescindibles en nuestra sociedad contemporánea.

Según la asociación industrial de los ATM, existen más de 3 millones de cajeros electrónicos instalados a nivel mundial. Los más modernos, con pantallas táctiles a colores ofrecen todo un abanico de servicios (transacciones) financieros, que están a la mano de los usuarios y clientes de tarjetas de débito y crédito a nivel global.

No obstante, con la aparición y alta penetración de la tecnología Mobile, se potenció el desarrollo de todo tipo de aplicaciones y gadgets que intentan facilitar la vida de las personas. Como decía el filósofo norteamericano Howard Rheingold, “el teléfono inteligente se convertirá en el mando a distancia (control remoto) de nuestras vidas”. Hoy día la cantidad de teléfonos inteligentes y Apps supera con crece las cifras más optimistas de analistas e investigadores, y de lejos supera la de cajeros electrónicos.

Es una realidad incuestionable que el teléfono inteligente se ha convertido en pieza esencial o fundamental de muchas personas. Bien sea por ocio, trabajo, negocio o necesidad, el Smartphone roza la popularidad que muchos desearían para sus productos.

Una de las Apps que han capturado la atención de financieros, startups, emprendedores, innovadores, e analistas en general, son las denominadas aplicaciones financieras, englobadas en una palabra que conocemos como Fintech (finance y technology).

Las aplicaciones móviles financieras están y estarán de moda. Existen y existirán cada vez más, cómo medio de pago (eWallet), como Intenet banking, como buscador de cajeros, como medio de pago, y en general, cada día surgen nuevas aplicaciones que ofrecen prácticamente servicios impensables hace “2 días”.

Unida a esa nueva “fiebre del oro”, y la búsqueda de nuevas formas de hacer las cosas, han surgido aplicaciones que buscan facilitar que la gente pueda “retirar” dinero de prácticamente cualquier lugar, sin necesidad de ir tras a búsqueda de un cajero electrónico, veamos.

En cada pueblo o ciudad, adicional a los bancos, existen comercios y entidades de todo tipo, recolectoras de dinero en efectivo. Las gasolineras, supermercados, cines, restaurantes, tiendas de ropa, agencias de loterías, por mencionar unas pocas, diariamente son centros de recepción de grandes cantidades de dinero en efectivo en sus operaciones diarias. Dicho dinero, como es obvio, en muchos casos, debe ser ingresado a una cuenta bancaria para continuar con las operaciones típicas del negocio.

Ahora bien, ya existen en el mercado, apps, como la Twyp de ING Bank (España) que facilita la retirada de dinero en efectivo en los locales afiliados a dicho banco. Es claro, que la operación es sencilla: el cliente del banco descarga la App en su teléfono inteligente, acude a uno de los establecimientos afiliados, el usuario retira dinero en efectivo del establecimiento comercial, y el banco abona en la cuenta del establecimiento el mismo el importe correspondiente.

Las ventajas son obvias, por un lado, el cliente del banco, en una sencilla operación puede hacerse de dinero en efectivo, sin pagar comisión alguna por ello, y por el otro, el negocio (la tienda en cuestión) deja de ir al banco a ingresar la venta del día. Y todo con una reducción de riesgo del negocio de tener que gestionar importante cantidades de efectivo.

Entonces, para qué necesitamos en esa operación al cajero electrónico. Sabemos que el cajero electrónico tradicional ofrece mucho más servicios que el ofrecido por este tipo de aplicaciones, pero será cuestión de tiempo que continúen apareciendo nuevas Apps o modelos de negocio que faciliten el desarrollo de todo tipo de aplicaciones y servicios. Al fin y al cabo lo que queremos los consumidores, es tener — de forma segura —, el banco el nuestro “bolsillo”.

¡Es cuestión de tiempo!