Con demasiada frecuencia, la Gestión de TI en el Negocio, no se basa en modelos sostenibles. Como un lugar común, esta gestión básicamente trata de subsistir de manera reactiva, desbordada por  una dinámica acelerada en demanda y condiciones, con resultados que presentan grados de deficiencia variable y erosión constante en el sentido de integración del área de TI con su entorno institucional.

Si reconocemos que un modelo de gestión, para ser consistentemente efectivo, debe asumirse como modelo mental por el cuadro gerencial que lo adopta, en su visión, estrategia y fórmulas de decisión, es evidente que la carencia de estos modelos – o la adopción de modelos no sostenibles, si es el caso – determinará inexorablemente la falta de rumbo adecuado para la Gestión de TI, a todo nivel, desde el marco estratégico, hasta la base operacional.

Es oportuno precisar que la adecuación de rumbo que se requiere, no es otra cosa que la alineación estratégica de TI con el Negocio, demasiadas veces pretendida y pocas veces realizada.

Un modelo sostenible para la Gestión de TI puede basarse en la interpretación de que esta área es similar a una empresa dentro de un mercado complejo en la interacción de clientes, competidores y condiciones de regulación políticamente volátiles, y con circunstancias de crecimiento o estancamiento y hasta desaparición (renovación) evidentes. Bajo esta metáfora de una empresa (TI) dentro de un mercado (el Negocio), cabe definir toda la base conceptual y de enfoques de gestión necesarios para que el modelo sea sostenible en el tiempo en términos financieros, sociales y políticos. Y sobre todo, que cumpla exitosamente con los requerimientos de su mercado.

Este modelo, para subsistir proactivamente en la dinámica compleja que caracteriza a la ecología corporativa que envuelve a TI, necesita incorporar armoniosamente:

  1. Principios que garanticen la viabilidad y subsistencia del área, agregando valor a su «mercado» y a la «sociedad» a la que pertenece
  2. Arquitectura sólida en Infraestructuras y Procesos, como única forma de realizar los Principios
  3. Productos y Servicios que permitan satisfacer proactivamente la demanda, y anticiparla con inteligencia estratégica
  4. Inversiones y Gastos armoniosamente determinados por las condiciones de su «mercado» y coherentes con la «regulación» que plantea la Alta Dirección del Negocio.

Y, sobre todo, asumir integralmente el  modelo. Al fin y al cabo, los modelos determinan nuestro comportamiento como creencias a experimentar. Y cada gerente debe conocer, en su observación interna, cuales son sus creencias, el rumbo definitivo a cursar.

José Luis Zaldumbide
Profesor y Consultor
Dirección IT